Italiano English 2009 març » Irene Molins
3rd març 2009

Lo que nos queda por aprender

Explican que, en una carpintería, hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas con tal de arreglar sus diferencias.

El martillo ejerció la presidencia pero la asamblea le notificó que debía renunciar a ella. ¿La causa? ¡¡Hacía mucho ruido!! Y, además, se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que necesitaban darle demasiadas vueltas para que sirviera para algo. Delante del ataque, el tornillo aceptó su culpa también, pero a su turno pidió que se expulsara la pulidora. Hizo entender que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y la pulidora estuvo de acuerdo a condición que fuera expulsado el metro que siempre pasaba el rato midiendo a los otros según su medida, como si fuera el único perfecto.

Entonces entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la pulidora, el metro y el tornillo. Finalmente, la dura madera inicial se convirtió en un fino mueble. Cuando la carpintería se quedó nuevamente sola, la asamblea retomó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo:

‘Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Esto es lo que nos hace fabulosos. Por lo tanto, no pensemos ya en nuestros puntos débiles y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos fuertes.’

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la pulidora era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.

(2000, septiembre). Infoaba. Boletín iberoamericano de psicología organizacional y recursos humanos, 2

Decidme, ¿hay alguna vez en la que no os hayáis tropezado con un martillo, con un tornillo, con un metro o con una pulidora? Y decidme, ¿alguna vez los habéis juzgado sin ver el todo, sin ver su trabajo total? Creo que aún nos falta mucho por aprender, al menos a mi, a no juzgar sin conocer.

Por otro lado, con esta historia quería comentar lo que aprendí cuando realicé el DISC: cuando busques un perfil, ciertamente debes buscar el mejor pero hay que aceptar que no somos perfectos. No obstante, puedes conseguir la perfección si consigues un equio cohesionado y que se complemente. Lo que te falte de uno te lo aportará otro trabajador. Por lo tanto, como el DISC nos muestra, lo ideal es tener una persona de cada color para que se complementen y formen un TODO, un equipo, perfecto.

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